Tus 20 minutos

Hay algo que me pasó y, después de hacer una investigación, me di cuenta que no soy la única…


Cuando me convertí en mamá y comencé a formar mi familia fui perdiendo mi energía. Desde mi primer embarazo invertí gran parte de ella en investigar y estudiar sobre gestación, lactancia, parto y maternidad.


El embarazo es un gran proceso de creación donde físicamente nuestro cuerpo reclama nuestra energía para dar vida. Desde mi primer embarazo hasta hoy, después de que mi segunda hija tiene ya dos años y medio, mi energía se fue drenando enfocándome en la formación de mi familia, crecimiento y educación de mis pequeñas y también en encontrar el tiempo para conseguir esos espacios con mi pareja que poco a poco iban siendo menos debido a las labores cotidianas que implica ser padres.


Como a mí, son muchas las mamás que comienzan a ponerse en último lugar dejando en el baúl de los recuerdos sus sueños, su cuerpo y sus necesidades, entre otras cosas.


Hace poco  se me cruzó en el camino un gran maestro, al cual le estoy muy agradecida: es de esas personas que aparecen en tu vida y comienzan a formar parte de tu mundo… Un día me dijo: “antes de seguir, necesitas reequilibrar tu vida”. Su comentario me cayó como un balde de agua congelada: me hizo poner freno de mano, hacer un alto a todo lo que estaba creando y -conscientemente,  como por prescripción médica- comenzar a invertir tiempo en recuperar mi empuje.


Con la ventaja que tengo de ser coach de vida y de salud, comencé a darme asesorías personales, retomar lo que recomiendo a mis clientes para aplicarlo de nuevo en mí: reflexionar, leer y aprender. Fue así como en muy poco tiempo pude recuperarme por completo, darle un tiempo y un espacio a cada persona y actividad, poniendo mi salud y bienestar en primer lugar.


Ha sido un tiempo de mucho aprendizaje: hoy puedo decir que me siento muy muy contenta y con tanta energía como de costumbre, sintiendo la fuerza para crear mis sueños.


Quiero compartir contigo uno de los hábitos que aprendí e hice parte de mi vida, y al que considero de los que más me ha ayudado en este proceso: dedicarme 20 minutos como mínimo para mí al despertar.


Después de ir al baño, limpiarme la lengua, enjuagar mi boca y hacer oil pulling con aceite de coco; dedico 20 minutos a hacer yoga y después 7 minutos a meditar. Esto me permite iniciar mi día de manera pacífica, en contacto conmigo, conectando con mi espíritu a través de la respiración.


Es así como he logrado empezar de nuevo mis días de manera armoniosa y así, cuando se despierta mi familia, poder tener mi sonrisa a flor de piel para ellos.


Una clave para que este proceso sea exitoso, consiste en no permitir excusa alguna para evitar llevarlo a cabo y, si tengo muchas cosas que hacer, levantarme incluso más temprano.


Vale la pena que lo hagas pues en mí ha conseguido equilibrarme de nuevo.



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